“La realidad virtual necesita liderazgo clínico, implicación de los profesionales y una necesidad asistencial clara”

Conversamos con José Ferrer, médico e investigador del equipo de Innovación e Investigación de Badalona Serveis Assistencials (BSA), doctorando de la Universitat Oberta de Catalunya e investigador del Institut d’Investigació en Atenció Primària Jordi Gol. Ferrer ha sido reconocido con la Beca TIC Salut Mental, concedida por la Fundació TIC Salut i Social y la Fundación Barbosa & Petit. Su proyecto está centrado en el desarrollo de una herramienta para valorar la adopción de la realidad virtual y otras tecnologías inmersivas en el sistema de salud, teniendo en cuenta los factores que pueden facilitar o dificultar su implementación.

¿Nos puedes explicar en qué consiste la herramienta que estás elaborando en el marco de tu proyecto?

La investigación se centra en el desarrollo de una herramienta que ayude a los equipos sanitarios a valorar si tiene sentido incorporar tecnologías inmersivas en un contexto asistencial concreto, por qué podría aportar valor y qué condiciones serían necesarias para que esta incorporación fuese segura, útil y sostenible.

Cuando hablamos de realidad inmersiva nos referimos a tecnologías como la realidad virtual, la realidad aumentada o la realidad mixta. Son herramientas digitales que permiten a la persona vivir una experiencia más interactiva y sensorial que una pantalla convencional. Por ejemplo, con unas gafas de realidad virtual una persona puede sentirse dentro de un entorno digital, como un espacio relajante, una simulación o una actividad terapéutica, mientras que la realidad aumentada incorpora elementos digitales sobre el entorno real.

El objetivo es ayudar a profesionales y organizaciones sanitarias a tomar decisiones más informadas antes de implementar estas herramientas, valorando aspectos como la utilidad clínica, la seguridad, la aceptación de pacientes y profesionales o la capacidad real de integrarlas en el día a día asistencial.

En Badalona Serveis Assistencials tenéis una trayectoria consolidada en la aplicación de las tecnologías inmersivas en el ámbito de la salud y el bienestar. ¿Nos podrías compartir algunos casos de éxito que ejemplifiquen los beneficios de esta tecnología en estos entornos?

En BSA llevamos unos años trabajando con realidad virtual y otras tecnologías inmersivas en proyectos de salud, bienestar y formación. Las hemos aplicado en ámbitos como el bienestar emocional de los profesionales, el dolor crónico, la rehabilitación cognitiva, la preparación prequirúrgica, los cuidados complejos, la población infantil y la neurodiversidad.

Lo que hemos aprendido es que, bien utilizadas, estas tecnologías no sustituyen a los profesionales, sino que pueden ayudarles a alcanzar mejor algunos objetivos terapéuticos o educativos. Pueden reducir la ansiedad, favorecer la participación, mejorar la motivación y hacer más amable la experiencia asistencial en momentos de vulnerabilidad.

Para mí, la clave es esta: la tecnología debe estar al servicio de la relación asistencial, no al revés.

Teniendo en cuenta estas aplicaciones, ¿qué criterios podríamos decir que son imprescindibles para que las tecnologías inmersivas aporten un valor real en la práctica asistencial?

El primer criterio es que la tecnología responda a una necesidad real. A veces hay mucho entusiasmo con la innovación, pero si no resuelve un problema concreto o no facilita el trabajo de los equipos, es difícil que tenga recorrido.

Después hay que valorar aspectos como la seguridad, la usabilidad, la aceptación por parte de pacientes y profesionales, la disponibilidad de recursos y la capacidad de integrarse dentro de los circuitos asistenciales habituales. Una misma herramienta puede tener mucho sentido en un servicio y aportar muy poco en otro.

Para mí, el criterio final es muy claro: la tecnología debe ayudar a reducir sufrimiento evitable, mejorar el confort o reforzar la relación terapéutica. Si complica más de lo que aporta, probablemente no es el momento o el contexto adecuado.

A pesar del potencial y los beneficios que comentabas, la incorporación de estas tecnologías también presenta dificultades. ¿Qué suele fallar a la hora de adoptar estas herramientas en el ámbito asistencial?

A menudo no falla la tecnología, sino la manera de implementarla. Hay pilotos que funcionan bien al principio, pero después cuesta mantenerlos porque falta tiempo, formación, apoyo institucional o encaje con la realidad de los equipos.

También pueden aparecer expectativas poco realistas. La realidad virtual no resuelve por sí sola problemas estructurales del sistema sanitario. La realidad virtual necesita liderazgo clínico, implicación de los profesionales y una necesidad asistencial clara.

Por eso creo que es importante avanzar de manera progresiva, escuchando mucho a los equipos y entendiendo que implementar tecnología en salud es, sobre todo, un proceso de cambio organizativo y humano, no solo tecnológico.

Poniendo el foco en el ámbito de la salud mental, por el que has recibido la Beca TIC Salut Mental, ¿qué retos o necesidades consideras que las tecnologías inmersivas pueden abordar con más eficacia que otras herramientas digitales?

Las tecnologías inmersivas tienen una capacidad especial para generar experiencias vivenciales. Esto puede ayudar a captar la atención, favorecer la implicación emocional y crear una sensación de presencia que otras herramientas digitales no siempre consiguen.

En salud mental pueden ser útiles para trabajar la regulación de la ansiedad, el bienestar emocional, el entrenamiento de habilidades o la adaptación de entornos a personas con necesidades diferentes. Permiten pasar de una explicación abstracta a una experiencia más directa y guiada.

Pero hay que mantener la prudencia. No sustituyen el acompañamiento terapéutico ni el vínculo profesional. Son una herramienta de apoyo, y su valor depende de cómo se integren dentro de una intervención clínica más amplia.

Por todo ello, ¿qué mensaje darías a los profesionales del SISCAT que valoran incorporar las tecnologías inmersivas en su práctica asistencial?

Les diría que no la vean como una moda ni como una solución universal. La primera pregunta debería ser siempre qué problema quieren abordar y si esta tecnología puede aportar valor real en ese contexto concreto.

También creo que es importante que los profesionales puedan experimentarla antes de valorar su uso clínico. La realidad inmersiva es una herramienta digital muy diferente de otras porque genera una sensación de presencia y de impacto emocional mucho más intensa. Hasta que no la pruebas, es difícil entender realmente qué puede aportar y también qué limitaciones tiene.

Y, sobre todo, que mantengan siempre el foco en las personas. Cuando la tecnología ayuda a reducir la ansiedad, mejorar el confort o hacer más humana una experiencia difícil, es cuando realmente puede tener sentido dentro del sistema sanitario.

  • El médico e investigador José Ferrer ha sido reconocido con la Beca TIC Salut Mental, concedida por la Fundació TIC Salut i Social y la Fundación Barbosa & Petit por su proyecto de desarrollo de una herramienta para valorar la adopción de la realidad virtual y otras tecnologías inmersivas en el sistema de salud.